La joven de la perla: el look de 1665 que nunca pasó de moda

La joven de la perla y su relación con la moda actual

A mí me encanta reflexionar y unir ideas que, a priori, parecen no tener nada que ver. Y de ahí nació esta reflexión: pensar en obras de arte que, de una forma u otra, han trascendido en el mundo de la moda o siguen teniendo mucho sentido hoy en día.

No sé si te pasó lo mismo, pero cuando vi el nuevo disco de Rosalía, automáticamente pensé en La joven de la perla. No tengo ni idea de si hay inspiración directa o no (he investigado y no he encontrado nada que lo confirme), pero a mí me recordó tanto que fue más que suficiente para sentarme a pensar en ello.

Así que este es uno de esos posts para leer con calma. Coge un café, un té o lo que te apetezca.

Una imagen que no cuenta nada… y lo dice todo

Me sigue pareciendo increíble pensar que este cuadro es de 1665. La joven de la perla la has visto mil veces, aunque no supieras su nombre.

Y lo curioso es que no te cuenta absolutamente nada: no hay historia, no hay drama, no hay explicación. Y aun así, no puedes dejar de mirarla.

Quizá sea por su silencio o por esa sensación extraña de intimidad que genera sin saber muy bien por qué.

Aunque siempre lo llamamos “retrato”, en realidad no lo es. Este tipo de obras se llaman tronies: imágenes creadas para experimentar con gestos, luz, ropa o expresiones, no para representar a una persona real.

Esta chica no tiene nombre, ni historia, ni pasado. No es alguien concreto. Es una imagen hecha para ser mirada. Y esto conecta muchísimo con el mundo de la moda.

Arte, moda y desfiles

Muchas veces no entendemos por qué en los desfiles aparecen prendas tan extravagantes que no nos pondríamos en el día a día.

Y es precisamente por esto: porque muchas prendas no están hechas para vestirse, sino para contar algo, para construir una imagen o una emoción.

Luego esas ideas se reinterpretan y se adaptan para la vida real, igual que pasa con el arte.

La mirada y lo no posado

Su mirada no es frontal. Parece que se esté girando, como si la hubieran llamado justo en ese momento. La boca entreabierta tampoco era algo habitual en esa época.

No está posando. Parece pillada desprevenida. Y curiosamente, eso es justo lo que hoy más nos atrae.

Da la sensación de que no estás mirando el cuadro, sino que el cuadro te está mirando a ti. Funciona igual de bien ahora que en el siglo XVII.

El turbante y la identidad

El turbante azul y amarillo no era ropa cotidiana en la Holanda del siglo XVII. No busca realismo, busca estética.

Hace que la chica no pertenezca a ningún lugar concreto y conecta directamente con lo que hoy entendemos como identidad visual o imagen de marca.

La perla: lujo sin exagerar

La perla da nombre al cuadro, pero en realidad es discreta. No funciona como ostentación, sino como un punto de luz.

En un mundo saturado de estímulos, esta sencillez resulta casi refrescante.

El vídeo completo

Si te apetece escuchar toda esta reflexión contada con calma, te dejo aquí el vídeo donde hablo de todo esto:


Gracias por haber llegado hasta el final del post 🤍

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