Cómo cuidar tu cuerpo en verano: hábitos reales que sí funcionan

Cómo cuidar tu cuerpo en verano

Cada vez que llega el verano parece que el mundo entero se pone de acuerdo para recordarte que tu cuerpo tiene que estar "listo". Listo para qué, exactamente, no queda muy claro. Pero la presión se siente igual.

Y yo llevo un tiempo pensando que esto no tiene ningún sentido.

"Cuidar tu cuerpo en verano no debería ser diferente a cuidarlo en octubre o en febrero."

Debería ser exactamente lo mismo: escucharlo, moverlo, darle lo que necesita. Sin fechas límite ni cuerpos perfectos de por medio.

Así que hoy te cuento lo que yo hago en verano para seguir cuidándome sin que se convierta en una obligación ni en una presión más. Son hábitos muy reales, nada del otro mundo, pero que a mí me funcionan y que espero que a ti también.


Adapto el entreno al calor y no al revés

Esto es lo primero que cambio cuando llegan las temperaturas altas. No intento mantener la misma intensidad ni los mismos horarios que en invierno porque simplemente no funciona así. El calor agota, y pretender que no existe es la forma más rápida de abandonar.

Lo que hago es buscar el momento del día con menos temperatura para moverme. Muy temprano por la mañana o cuando el sol ya ha bajado por la tarde.

También adapto el tipo de entreno. Los días de más calor priorizo el yoga, más suave y me permite moverme sin acabar agotada. El pilates lo reservo para los momentos en que tengo más energía porque requiere más concentración y más activación muscular.

Y los días que el calor es extremo, reduzco la duración. Veinte minutos de movimiento bien hecho valen más que cuarenta minutos forzados mal hechos y que me dejan sin energía para el resto del día.


Me muevo aunque no tenga ganas

Esto me parece importante decirlo porque creo que hay una diferencia enorme entre adaptarse y rendirse.

En verano hay días que el cuerpo pide sofá. Y otros que lo que pide es moverse pero la cabeza pone excusas por el calor. Aprender a distinguir esos dos estados me ha cambiado mucho.

Cuando es la cabeza la que pone excusas, me pongo la ropa de entrenar y empiezo. Solo empezar. Casi siempre, a los cinco minutos, el cuerpo responde y me alegro de haberlo hecho.

Pero cuando el cuerpo de verdad está agotado, cuando el calor ha sido brutal o simplemente no hay energía real, paro.

Eso para mí es cuidarse. No es hacer siempre lo máximo, es hacer lo que puedes con honestidad.


Salgo a caminar y lo cuento como movimiento

Esto es algo que en verano hago mucho más que en invierno y que me aporta una barbaridad. A mí me encanta salir a pasear a última hora de la tarde, cuando el sol ya está cayendo. Encuentra tu momento porque aporta más de lo que crees.

No es un sustituto del pilates ni del yoga, pero es movimiento, es aire fresco y es tiempo para mí. Y eso en verano, que los ritmos cambian y a veces cuesta mantener las rutinas habituales, vale mucho.


Duermo y descanso

El calor hace que dormir cueste más y que el cuerpo esté más cansado de lo habitual aunque no hayas hecho nada especial. Eso es completamente normal y tiene una explicación fisiológica: el calor eleva la frecuencia cardíaca y el cuerpo trabaja más para regularse.

Por eso en verano me permito descansar más sin sentirlo como pereza. Una siesta corta, acostarse un poco antes y respetar los momentos de cansancio también forman parte del cuidado.

Sin descanso no hay buen entreno, y sin movimiento el descanso no es igual de reparador.


No me comparo con nadie en verano (ni en ninguna otra estación)

Esto es lo más difícil de los hábitos que te cuento y probablemente el más importante.

En verano las redes se llenan de cuerpos perfectos, de "transformaciones" y de personas que parecen haber aprovechado los últimos meses de una forma que tú sientes que no has aprovechado. Es muy fácil caer en esa trampa.

Lo que me ayuda a mí es recordarme para qué me muevo. No para tener un cuerpo diferente al que tengo. Me muevo para sentirme fuerte, para tener más energía, para gestionar mejor el estrés y para estar presente en mi cuerpo. Esos objetivos no tienen nada que ver con lo que veo en el feed de nadie.

Cuando tienes claro tu por qué, lo que hacen los demás importa mucho menos.


En resumen

Cuidar tu cuerpo en verano no es hacer más ni hacerlo perfecto. Es seguir ahí, adaptándote, escuchándote y moviéndote desde el cuidado y no desde la presión.

No necesitas un reto de 30 días, una rutina de madrugada ni un plan perfecto. Necesitas hábitos reales que puedas mantener aunque haga calor, aunque cambien los horarios y aunque tengas días mejores y días peores.

Porque eso es lo que funciona a largo plazo. No las prisas de junio, sino la constancia de todo el año.

Empieza hoy, sin presión

Si te animas a mover tu cuerpo desde el cuidado y no desde la exigencia, he preparado una guía gratuita de 7 días de Pilates y Yoga, pensada para cualquier nivel. Un pequeño paso para empezar a crear un hábito que puedas mantener durante todo el año.

Descargar la guía gratuita

Comentarios