¿Hay que ser flexible para hacer yoga? La verdad
Si hay una pregunta que me hacen constantemente es esta. Y si hay un mito que ha alejado a más personas del yoga que cualquier otra cosa, también es este.
La respuesta corta es no. No necesitas ser flexible para hacer yoga.
Pero como la respuesta corta no convence a nadie que lleva años creyendo lo contrario, aquí va la respuesta larga.
De dónde viene este mito
Abre Instagram y busca yoga. Lo que vas a encontrar son personas haciendo posturas que parecen físicamente imposibles. Splits perfectos, espaldas que se doblan en ángulos que desafían la anatomía, piernas detrás de la cabeza.
Y claro, si eso es lo que ves cuando piensas en yoga, es completamente lógico que pienses que no es para ti.
Pero hay algo que nadie te cuenta sobre esas imágenes: esas personas llevan años, a veces décadas, practicando. No llegaron al yoga siendo así de flexibles. Llegaron exactamente como tú, sin saber llegar a ningún sitio, y el yoga les fue dando esa flexibilidad con el tiempo.
Lo que ves en redes es el resultado de años de práctica. No el punto de partida.
El error de pensamiento que te frena
Decir que no puedes hacer yoga porque no eres flexible es exactamente lo mismo que decir que no puedes ir al gimnasio porque no tienes músculo.
Precisamente vas para ganarlo.
El yoga no requiere flexibilidad. La desarrolla. Es una consecuencia de la práctica, no un requisito para empezar.
Y esto no es solo una frase bonita para animarte. Es literalmente cómo funciona el cuerpo. Los músculos y los tejidos conectivos se adaptan a los estímulos que reciben. Si los estiras de forma regular y progresiva, se vuelven más flexibles. Así de simple.
Qué pasa realmente en tu primera clase de yoga
Si eres como la mayoría de personas que empiezan, en tu primera sesión de yoga van a pasar varias cosas.
No vas a llegar a donde llega la instructora. Normal, lleva más tiempo que tú.
No vas a entender del todo qué está haciendo tu cuerpo en algunas posturas. También normal, se aprende con la práctica.
Vas a descubrir que tienes zonas del cuerpo mucho más tensas de lo que pensabas. Esto es muy común, especialmente en caderas, isquiotibiales y espalda alta si pasas muchas horas sentada.
Y al terminar vas a sentirte diferente. Más en tu cuerpo, más presente y más ligera. Esa sensación es lo que hace que la gente vuelva.
Nada de lo que pasa en tu primera clase requiere que seas flexible. Requiere que estés dispuesta a moverte desde donde estás hoy, no desde donde crees que deberías estar.
Cómo está diseñado el yoga para todos los niveles
Una de las cosas más inteligentes del yoga es que todas las posturas tienen adaptaciones. Siempre.
¿No llegas al suelo con las manos en una flexión hacia delante? Puedes apoyarlas en los tobillos o en los muslos. ¿No consigues doblar la rodilla noventa grados en la postura de la guerrera? La doblas hasta donde puedas. ¿El perro boca abajo te parece imposible? Empieza con las rodillas ligeramente flexionadas.
El yoga no te pide que llegues a un sitio concreto. Te invita a explorar hasta donde puedes llegar hoy y a respetar ese límite con honestidad. Eso es lo que en yoga se conoce como ahimsa, el principio de la no violencia, también hacia uno mismo.
No existen posturas buenas y posturas malas. Existen posturas que encajan con el momento en el que está tu cuerpo hoy y otras que llegarán más adelante. Y esa diferencia cambia con la práctica.
Cuánto tarda en mejorar la flexibilidad con el yoga
Esta es la pregunta que suele venir justo después de si hace falta ser flexible para empezar. Y la respuesta honesta es que depende.
Depende de tu punto de partida, de la frecuencia con la que practiques y de cada zona del cuerpo. No toda la flexibilidad mejora al mismo ritmo ni de la misma manera.
Lo que sí puedo decirte desde mi experiencia es esto.
En las primeras dos o tres semanas empezarás a notar que algunas posturas que al principio parecían imposibles comienzan a sentirse más accesibles. No perfectas, simplemente más cómodas.
Al mes o mes y medio los cambios suelen ser evidentes. Llegas un poco más lejos en los estiramientos y algunas posturas que antes requerían toda tu atención empiezan a salir con más naturalidad.
A los tres meses la diferencia suele ser muy notable. Y lo mejor es que no solo la percibes durante la práctica de yoga. También la notas al agacharte, al sentarte en el suelo o al moverte en tu día a día.
Pero la flexibilidad no es lo único que cambia. Es probablemente el cambio más visible, pero no el más importante. Lo que cambia antes y de forma más profunda es la relación que construyes con tu cuerpo. Empiezas a escucharlo, a respetar sus límites y a moverte con mucha más consciencia.
Los mitos del yoga que también necesitas desmontar
Ya que estamos desmontando el mito de la flexibilidad, hay otros dos que también hacen que muchas personas nunca lleguen a probar el yoga.
"El yoga es solo para mujeres"
No. El yoga nació en la India y durante siglos fue practicado principalmente por hombres. La idea de que es una actividad exclusivamente femenina es algo relativamente reciente y completamente cultural. El yoga es para cualquier persona que quiera cuidar su cuerpo y su mente.
"El yoga es una religión"
Tampoco. Es cierto que el yoga tiene un origen filosófico y espiritual, pero la práctica física que hacemos hoy en día puede realizarse de forma totalmente independiente de cualquier creencia religiosa. Millones de personas practican yoga únicamente como una herramienta para mejorar su salud física y mental.
Qué tipo de yoga es mejor si eres muy poco flexible
Si sientes que tu flexibilidad es muy limitada y eso te da inseguridad para empezar, hay un estilo que puede ayudarte especialmente: el yin yoga.
El yin yoga utiliza posturas que se mantienen durante varios minutos con una relajación muscular casi completa. El objetivo no es trabajar la fuerza, sino liberar poco a poco la tensión acumulada en los tejidos conectivos, que son los que más influyen en la movilidad a largo plazo.
Es una práctica lenta, tranquila y muy accesible para cualquier nivel. Además, los cambios en la movilidad suelen empezar a notarse desde las primeras semanas si eres constante.
Si combinas sesiones de yin yoga con hatha yoga, mejorarás tu flexibilidad de una forma progresiva y segura, mientras también desarrollas fuerza, equilibrio y control corporal.
La única forma de saber si el yoga es para ti
Solo hay una manera de descubrir si el yoga encaja contigo, y no es leyendo sobre él. Es practicándolo.
No necesitas ser flexible. No necesitas experiencia. No necesitas saber el nombre de ninguna postura. Solo necesitas una esterilla y regalarte veinte minutos para empezar.
Y si alguna vez lo intentaste y pensaste que no era para ti porque no llegabas a las posturas, quizá ahora puedas mirarlo desde otro lugar. En yoga no se trata de llegar. Se trata de empezar exactamente desde donde estás hoy.
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